Escuelita yuppie
Veinticuatro mentes en un aula super nice, cada cual con su historia, de éxitos o fracasos profesionales, pero más de éxitos sospecho, ¿Si no como podrían pagar por un sitio ahí? Y yo soy el plebeyo en medio de los arrogantes príncipes y princesas corporativas. No tengo trabajo, pero me lo invento, y alardeo de él, y me pongo camisa y corbata como si viniera de él, y nadie sabe que pagué el curso por adelantado cuando trabajaba y tenía plata. Que ingenuos y que fáciles de engañar todos. ¿No huelen el desempleo en mis ficticias anécdotas del largo día de trabajo? ¿No se extrañan que llegue tan fresco mientras ellos ya solo quieren ir a sus casas? Y cuando uno de ellos me jala a mi casa, no se da cuenta que ya me desacostumbré a hablar de jefes, compañeros, y amanecidas? Preferiría irme solo para no tener que actuar. Carajo, necesito un carro…



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