miércoles, febrero 16, 2005

Esperanza reprimida


Todo fue desesperadamente perfecto. Sentado frente a un tipo que se notaba se sentía dueño del mundo, mientras enumeraba todas las razones por las que según él yo era bueno para el trabajo. Nada de preguntas idiotas, ni mis defectos, ni mis virtudes, ni dibujitos de hombres bajo la lluvia, ni tests psicológicos que hurguen inútilmente en mi psique (igual, siempre miento). Sólo una conversación frente a frente. De posible jefe incauto a desempleado embaucador. Ni su pinta de yuppie metrosexual hizo que dejara de sospechar que tanta belleza era para endulzar un sueldo despreciable, pero no era así. Y de nuevo a esperar. Sin embargo, ya aprendí a no emocionarme con nada. Porque ya me pasó, y ya me ilusioné, y el teléfono nunca sonó.

Veintitantas entrevistas y voy para más. Cinco meses sin chamba es mucho tiempo.

1 despiértame..:

  • At 10:16 p. m., Blogger ADLE said…

    No es para tanto... estàs en el promedio, si llegas a la 40ava entrevista sin suicidarte ya es meritorio.

     

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