Después de tanto
Acabo de leer las líneas que escribí hace meses. ¿Porque dejé de escribir? Por la misma razón que dejé de hacer mil cosas. Porque no tenía trabajo, porque me sentía nadie, que no servía para nada, que tan solo era un paria de corbata y currículum bajo el brazo.
Como ha cambiado todo desde esos días. Finalmente conseguí ese trabajo salvavidas, que me dejó volver a salir a la superficie a respirar el aire de la vida con propósito, que me devolvió a mi vida “normal”, que me dejó volver a llamar a mis amigos y tener qué decirles cuando me preguntaban: “y.. cuéntame qué estás haciendo”.
Y por si fuera poco, después de unos meses hasta me di el lujo de dejar ese trabajo por otro mejor, de esos que te hacen sentir que de verdad lograste algo, que subiste con pie firme un escalón más hacia el etéreo y esquivo éxito.
Y sin embargo no me siento reivindicado. No siento que por fin alguien se dio cuenta de mi gran talento y me dio el lugar que merezco en esta vida. Nada que ver. Por el contrario, pienso que si me contrataron es porque los engañé muy bien. Les hice creer que era un tipo empeñoso, trabajador y hasta con grandes ideas, cuando estoy muy lejos de ser eso. Igual no me siento mal. Nadie los obligó a darme un escritorio.
Y mientras me acostumbro a este nuevo lugar pienso en la manera de sobresalir entre tantos egos inflados y actitudes super cool. Cuando eres el chico nuevo es difícil saber donde pisar para no resbalarte.
La única estrategia por lo pronto: no confíes en nadie.
Como ha cambiado todo desde esos días. Finalmente conseguí ese trabajo salvavidas, que me dejó volver a salir a la superficie a respirar el aire de la vida con propósito, que me devolvió a mi vida “normal”, que me dejó volver a llamar a mis amigos y tener qué decirles cuando me preguntaban: “y.. cuéntame qué estás haciendo”.
Y por si fuera poco, después de unos meses hasta me di el lujo de dejar ese trabajo por otro mejor, de esos que te hacen sentir que de verdad lograste algo, que subiste con pie firme un escalón más hacia el etéreo y esquivo éxito.
Y sin embargo no me siento reivindicado. No siento que por fin alguien se dio cuenta de mi gran talento y me dio el lugar que merezco en esta vida. Nada que ver. Por el contrario, pienso que si me contrataron es porque los engañé muy bien. Les hice creer que era un tipo empeñoso, trabajador y hasta con grandes ideas, cuando estoy muy lejos de ser eso. Igual no me siento mal. Nadie los obligó a darme un escritorio.
Y mientras me acostumbro a este nuevo lugar pienso en la manera de sobresalir entre tantos egos inflados y actitudes super cool. Cuando eres el chico nuevo es difícil saber donde pisar para no resbalarte.
La única estrategia por lo pronto: no confíes en nadie.



1 despiértame..:
At 2:16 a. m.,
Anónimo said…
muchas veces preocuparse por la competencia hace que el proceso sea mas jodido, siempre me he dicho que mi principal competencia debo ser yo misma, sin dejar de preocuparme por el resto, pero la idea es superarse a uno mismo siempre.
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